Sabíamos no decirnos nada. Conservando en apariencia, una amistad consolidada. Sabíamos no exigirnos mucho. Hola. ¿Qué hacés?, convidame un pucho, que me tenés abandonada. Vos con tu mochila a cuestas. Yo con la excusa perfecta, para charlar de pavadas. Nos hizo un guiño la paternal, un poco de humo en el medio, y enloquecieron las miradas. Quiso el destino que esa noche hiciera frío, y que el ruido de los coches te hiciera hablarmr al oído. Y si el diablo se contenta con que dudes un instante. Vos y yo nuestras miserias y esta noche por delante amor. ¿Quién sabe? Un umbral perdido, y aquel bar medio vacío, como único testigo. Bridamos por el olvido, y el espíritu del vino, se fue haciendo nuestro amigo. Con el corazón en llanta, nada mejor que tu lengua, abrigando mi garganta.
miércoles, 3 de diciembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario